Archivo de Octubre de 2009


Síndrome de Burnout

Belen Arcones
16 de Octubre de 2009
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burnout

El síndrome de burnout, de desgaste profesional o síndrome de “estar quemado” constituye un problema de gran relevancia y repercusión social.

Se considera un trastorno adaptativo crónico, en asociación con las demandas psicosociales de trabajar directamente con personas.

Se trata de una reacción a la tensión emocional crónica creada por el contacto continuo con otros seres humanos, en particular cuando éstos tienen problemas o motivos de sufrimiento. Parece tener características propias ya que lo sufren especialmente personas que trabajan en contacto directo con otras personas.
Entre los profesionales más afectados por el burnout se encuentran los policías, los ATS, los médicos, los trabajadores sociales, los guardias penales, los fisioterapeutas, los psiquiatras, los maestros e, incluso, psicólogos. Sin embargo, algunos autores piensan que, bajo determinadas circunstancias, podemos sufrirlo cualquier profesional.
Se requieren al menos 6 meses de período para desadaptarse y puede ocasionarse tanto por un excesivo grado de exigencias, como por escasez de recursos.
Así pues, el burnout resulta de una discrepancia entre los ideales individuales y la realidad de la vida ocupacional diaria. Involucra básicamente tres dimensiones:

1) Agotamiento emocional: se refiere a la pérdida o desgaste de recursos emocionales.
2) Deshumanización o despersonalización: desarrollo de actitudes negativas, cínicas e insensibles hacia los receptores (pacientes, clientes).
3) Falta de realización personal: tendencia a evaluar el propio trabajo de forma negativa.

Pero el burnout puede aparecer no sólo debido al exceso de trabajo o al desgaste por un celo, también excesivo, de su profesionalidad, también puede aparecer porque se dé de modo continuado un bajo apoyo del supervisor/a, fuerte rutina, conflictos personales en el desempeño de su tarea, bajos retos profesionales, excesiva presión laboral, etc.

El perfil de la persona más vulnerable al burnout está caracterizado por elementos tales como elevada autoexigencia, baja tolerancia al fracaso, necesidad de excelencia y perfección, necesidad de control y un sentimiento de omnipotencia frente a la tarea. Esto hace que estas personas organicen una distorsión cognitiva según la cual “sólo ellas y nadie más que ellas, pueden hacer las cosas tan bien”. Pero también, señalan los investigadores, que algunas características positivas suelen ser un caldo de cultivo apropiado para el síndrome: personas entusiastas, idealistas y con gran nivel de implicación personal en el trabajo. Así, un perfil de riesgo es el de personas idealistas, optimistas y entregadas en exceso al trabajo.

Este síndrome se manifiesta por una sintomatología multidimensional, en el ámbito cognitivo, somático y emocional.

Las manifestaciones clínicas más frecuentes son los síntomas emocionales, existiendo ansiedad y ánimo depresivo, expresados como desánimo y hastío. Pueden producirse en ocasiones alteraciones de conducta (absentismo laboral, abuso de alcohol, consumo de otros tóxicos, etc.) Es frecuente apreciar nerviosismo, inquietud, dificultad para la concentración y una baja tolerancia a la frustración, con comportamientos paranoides y/o agresivos hacia los compañeros y la propia familia.

Se han descrito síntomas psicosomáticos como cefaleas, insomnio y trastornos gastrointestinales (todos ellos pueden concluir en incapacidades laborales) y en forma de trastornos del comportamiento, que suelen influir y perjudicar al resto de los compañeros del trabajo y al entorno familiar. Son frecuentes las actitudes negativas, sarcásticas y poco colaboradoras, que dificultan y enturbian la dinámica de grupos normal en un trabajo en equipo.

La mayoría de los autores coinciden en la importancia de la calidad de las relaciones interpersonales en el trabajo, las oportunidades de aprendizaje continuado y el desarrollo de carrera profesional. El desarrollo de burnout puede llevar a abandonar el trabajo pero también puede resultar un reto positivo, que fomenta el desarrollo personal.

Los especialistas recomiendan algunos antídotos, como: implicarse en actividades externas al trabajo, intensificar y revalorizar las relaciones personales y familiares, planificar y desarrollar actividades de ocio y sociales, tener tiempo y espacio para el juego y la recreación, no saltar períodos de vacaciones, desarrollar actividad física, realizar una psicoterapia focalizada en el problema para prevenir la cronificación del síndrome.

El apoyo social, la autoestima, las habilidades de solución de problemas, las habilidades sociales y, sobre todo, una reestructuración cognitiva sobre el modo de percibir el trabajo, el modo de percibir a las personas con las que se trabaja y las posibilidades reales de efectividad teniendo en cuenta sus características personales y las características ambientales que le rodean, son aspectos a tener en cuenta para no ser víctimas de semejante síndrome.

IMF propone Master Prevencion Riesgos Laborales, máster oficial universitario, con el que se adquieren todos los conocimientos y aspectos fundamentales para la prevención de riesgos laborales y aplicarlo al síndrome de Burnout.

Estrés laboral

Belen Arcones
13 de Octubre de 2009
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Cuando hablamos de estrés debemos saber que existen distintos tipos de estrés:

EUSTRESS o estrés positivo: necesario en nuestra vida cotidiana y que ejerce una función de protección del organismo. Gracias a él podemos progresar en todos los sentidos.

DISTRESS o estrés negativo: se produce por una excesiva reacción al estrés, que se manifiesta en una demanda muy intensa o prolongada de actividad. Puede afectarnos física y psicológicamente por el exceso de energía que se produce y no se consume.

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Coloquialmente, cuando hablamos de estrés nos referimos a este tipo de estrés y yo no seré una excepción.

Aunque sobre la definición del estrés han existido esencialmente tres enfoques (fisiológico, “ingenieril” y psicológico), cada uno con su carga asociada de conceptos, métodos y teorías, desde una perspectiva integradora, el estrés se podría definir como la “respuesta fisiológica, psicológica y de comportamiento de un individuo que intenta adaptarse y ajustarse a presiones internas y externas”.

Según Mc Grath, el estrés es un desequilibrio sustancial (percibido) entre la demanda y la capacidad de respuesta del individuo bajo condiciones en las que el fracaso ante esta demanda posee importantes consecuencias (percibidas). Así, se producirá estrés cuando el individuo percibe que las demandas del entorno superan a sus capacidades para afrontarlas y, además, valora esta situación como amenazante para su situación.

De la misma manera, el Comité Consultivo de Seguridad e Higiene y Protección de la Salud en el lugar de trabajo define el estrés en el trabajo como “la reacción emocional y psicofisiológica ante los aspectos desagradables y nocivos de la tarea, del entorno laboral y de la organización del trabajo”.

En el mundo laboral los factores de estrés presentes en situación de trabajo se pueden clasificar en tres grandes grupos:

1. Estresores del ambiente físico, como ruido, vibraciones, iluminación, temperatura, toxicidad y disponibilidad y disposición del espacio físico.

2. Estresores de la tarea. Algunas personas se sienten cómodas al realizar una tarea sencilla y rutinaria, mientras que otras prefieren llevar a cabo tareas más complejas y enriquecedoras. Los principales estresores de la tarea son la inadecuada carga mental de trabajo y el control sobre la tarea.

3. Estresores organizacionales. La combinación de lo que espera el trabajador y la realidad de lo que le exige la organización dan como resultado un conjunto de fuerzas que se denominan conflictos de rol. La presencia de una situación conflictiva constituye un estresor importante y es evidente que muchas veces los roles conflictivos, sobre todo los objetivos, resultan de prácticas disfuncionales de la organización, teniendo como efecto inmediato una baja en el logro de los objetivos de la organización y una disminución de la satisfacción del trabajo. Además, otros hechos inherentes a la vida organizacional, como la jornada de trabajo y los tiempos de descanso, las relaciones interpersonales, las dificultades de comunicación y las posibilidades de promoción, pueden ser fuentes de estrés.

Debemos saber que los efectos de la exposición a los factores de estrés, dependen de la intensidad, duración y repetición de la exposición pero también de la forma en que el trabajador expuesto considera dichos factores, de su flexibilidad, de sus recursos para hacer frente a la situación y del acceso al apoyo social y la utilización que de él realiza.

Para ayudar a prevenir el estrés, IMF propone un curso de estrés laboral con pautas básicas de prevención y actuación contra esta patología, además recomendamos unas Notas Técnicas del INSHT.

NTP 349: Prevención del estrés: intervención sobre el individuo
NTP 438: Prevención del estrés: intervención sobre la organización
NTP 439: El apoyo social

¡Que os sirvan de ayuda!

¿Los coches del futuro serán eléctricos?

Jose Javier Alonso
8 de Octubre de 2009
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El Gobierno español apuesta por la introducción de vehículos eléctricos en la sociedad actual. Para ello pretende introducir en tan solo dos años más de dos mil vehículos eléctricos de diversos tipos (turismos, furgonetas, motocicletas, etc.), y así sustituir el mismo número de ellos que se encuentran funcionando con gasolina y gasóleo. Éste es el objetivo del denominado PLAN MOVELE (Plan de Movilidad Eléctrica).

Uno de los pilares más destacados en la actual política energética nacional es la introducción de vehículos eléctricos en el parque automovilístico español, e ir sustituyendo de manera paulatina los vehículos que funcionan con gasolina y gasóleo, con el fin de demostrar la viabilidad técnica y ambiental de esta alternativa.

Dada su condición de novedad y el coste económico de estos nuevos vehículos, se han establecido una serie de ayudas directas por parte de las administraciones públicas, canalizadas a través del IDAE (Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía), para incentivar su uso en un colectivo amplio de empresas, instituciones y particulares.

Los coches eléctricos no vienen solos, ya que es preciso una red de puntos de recarga lo suficientemente amplia como para que su implantación sea fructífera. El inicio de esto va a tener lugar en tres de las ciudades españolas más importantes, Madrid, Barcelona y Sevilla, donde se instalarán un total de 546 estaciones.

Las ventajas de este proyecto son indiscutibles, desde el punto de vista económico, energético y ambiental, destacando un ahorro energético anual de 2.772 toneladas  equivalentes de petróleo y unas emisiones de dióxido de carbono no emitidas de 4.471 toneladas.

Inicialmente, el uso de este tipo de vehículos tendrá lugar en entornos urbanos de grandes ciudades, por ejemplo, para llevar a cabo la limpieza viaria y la recogida de residuos sólidos urbanos en Barcelona. Un sector que también tendrá un enorme potencial es el de los taxis y el de los servicios públicos, como los de emergencia (policía nacional y local, ambulancias, etc.), cuya actividad se circunscribe al ámbito urbano.

La autonomía de estos vehículos en la actualidad es muy limitada, por lo que no se pueden recorrer grandes distancias sin recargar. Los fabricantes tienen todavía una tarea muy importante que realizar a corto y medio plazo, y es la de incrementar dicha capacidad de funcionamiento. Es por ello por lo que aún no son vehículos que nos podamos encontrar en nuestras autovías y autopistas.

Al utilizar electricidad para su funcionamiento y al estar distribuidos los puntos de recarga de manera atomizada, se abre un abanico amplio para el uso de las energías renovables, que tienen el carácter distribuido, frente las energías convencionales que lo tienen centralizado. Energías como la solar fotovoltaica, la minieólica, las instalaciones de microcogeneración y las pilas de combustible, tendrán la capacidad de generar electricidad para los vehículos del mañana.

¿EL FUTURO DEL TRANSPORTE ESTÁ EN EL ENCHUFE? el tiempo lo determinará.

El Instituto Madrileño de Formación imparte un curso superior y un máster en energías renovables para adquirir las competencias técnicas, organizativas y gestoras para el desarrollo de proyectos de generación de todos los tipos de energías renovables para estar preparado y formado para el futuro de las actividades económicas y las energías renovables.

Integración en el Trabajo

Carlos Martinez
6 de Octubre de 2009
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integración

¿Hasta qué punto un discapacitado puede realizar su tarea de forma segura? En cuanto a la prevención de riesgos laborales, ¿sería posible que desempeñara mejor su actividad si contara con las mismas posibilidades, es decir, con ayudas técnicas que los empleados no discapacitados? ¿Sería viable eliminar las barreras existentes adaptando los puestos de trabajo?

Las dificultades de las personas con discapacidad no se deben a sus propias limitaciones sino a barreras que existen en el entorno social

Cualquier persona con algún tipo de discapacidad tiene una menor habilidad para efectuar determinadas actividades, si bien, lo cierto es que estas limitaciones dependen del entorno social de la propia discapacidad y de las funciones del puesto. Así, esta persona deja de ser discapacitada o disminuye el grado cuando tiene a su disposición las condiciones adecuadas y precisas que le permiten acceder a las diferentes situaciones que se encuentra en la vida diaria de forma muy parecida a los trabajadores sin discapacidad.

Según la ultima “Encuesta sobre discapacidades, deficiencias y estado de salud” llevada a cabo por el Instituto Nacional de Estadística (INE), en España, una de cada diez personas en edad de trabajar posee una discapacidad severa o moderada. Entre ellas, un 32% de los hombres trabaja mientras que en el caso de las mujeres solamente lo hace un 23,7%.

La Ley de Prevención de Riesgos Laborales establece en su artículo 25 que el empresario deberá garantizar la protección de los trabajadores que tengan reconocida la situación de discapacidad adoptando las medidas preventivas y de protección necesarias.

Por esta razón, el empresario debería formarse con un Master Prevencion Riesgos Laborales. De este modo, el empresario podrá también adoptar las medidas preventivas necesarias en su empresa, tanto para sus trabajadores con discapacidades como  para los que no sufren ningún tipo de discapacidad.

Menos barreras

En el ámbito laboral, se considera trabajador discapacitado a aquella persona que, por causa de su situación de discapacidad reconocida, muestra dificultades para desempeñar y desarrollar determinadas actividades o tareas exigidas por su puesto de trabajo, o problemas por la existencia de una serie de barreras que limitan su accesibilidad a las instalaciones de la empresa.

La realidad es que las dificultades y desventajas de las personas con discapacidad no se deben a sus propias limitaciones sino a carencias, obstáculos y barreras que existen en el entorno social.

En definitiva, las soluciones a la discapacidad se basan en apoyar, mediante ayudas técnicas y servicios especializados, la vida de las personas que las padecen para que puedan vivir e integrarse en la sociedad, haciendo su rutina diaria lo más normal posible. Esta equiparación se ha de dar en todos los ámbitos  incluido el laboral y, por ende, en el relativo a la seguridad y a la salud en el trabajo.

Los puestos tienen que adaptarse con el objeto de minimizar los obstáculos y barreras mencionadas. En la oficina habría que seguir y aplicar una serie de recomendaciones. Por ejemplo, que esté diseñada ergonómicamente de modo que se acomode al empleado de la misma forma que un martillo bien ideado se amolda a la mano del carpintero. En el caso concreto de un trabajador con discapacidad, esta ergonomía debe ser tenida en cuenta con mayor rigor, extendiendo el concepto hacia las limitaciones que comprenda cada limitación en particular.

Responsabilidad Social Corporativa y medio ambiente

DanielM
2 de Octubre de 2009
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La Responsabilidad Social Empresaria /Corporativa (RSE/RSC) es relativamente un fenómeno reciente en el desarrollo social y aún más en la cultura de negocios corporativa. En muchos sentidos, la Responsabilidad Social Corporativa avanza como contracultura a la idea plenamente establecida de la empresa privada y libre.

Se suponía que la libre empresa era muy privada, que no tenía que responder a nadie acerca de sus prácticas y que no tenía que rendir cuentas a la sociedad excepto en materia fiscal. La única rendición de cuentas era con los accionistas privados o los inversionistas institucionales en los mercados financieros mundiales.

Sin embargo, el creciente impacto negativo  y con amplia trascendencia de las corporaciones globales en todos los aspectos de la vida social y el medio ambiente, ha sido el catalizador en la aparición de una diversidad de partes interesadas que exigen una rendición de cuentas sobre el impacto de la actividad corporativa en muchos campos de nuestra actual sociedad y el entorno, en el sentido mas amplio de la expresión, que nos rodea.

A pesar del nacimiento de esta nueva idea de la Responsabilidad Social Corporativa, se viven tiempos muy difíciles en la lucha por hacer que las empresas se comporten responsablemente. Sin lugar a duda, en las dos últimas décadas del siglo veinte se ha dado mas importancia a  los intereses de las corporaciones y estas ha su vez han priorizado su “derecho” a enriquecerse a costa de la gente y los recursos, muchas veces limitados, que posee nuestro cada vez más expoliado planeta Tierra.

En un estado de real democracia como los que presumiblemente se dan en el mundo desarrollado, las empresas no pueden ignorar a las sociedades en ninguna de las esferas sociales donde interactúan. Esto es porque están formadas y gestionadas por individuos de la sociedad, porque su razón de ser, la acumulación de capital, sólo es posible debido a la existencia de estas sociedades, que constituyen sus mercados y, especialmente, porque sus actividades tienen un impacto tridimensional en las sociedades y en su hábitat.
 
El rasgo más distintivo del concepto de Responsabilidad Social Corporativa, la idea de que cada empresa privada tiene una diversidad de partes interesadas, contrasta ampliamente con la posición tradicional del sector privado de considerar a los accionistas como su única parte interesada.

En la Responsabilidad Social Corporativa, las partes interesadas representan a los diferentes grupos de interés de la sociedad, los actores, donde las corporaciones operan, sean trabajadores, consumidores, ONGs de la justicia social, ambientalistas, grupos indígenas y otros, todos con un derecho legítimo para exigir conductas corporativas socialmente responsables y sostenibles desde un punto de vista medioambiental.

En la nueva Sociedad Civil Global, las empresas representan al ciudadano corporativo, quien, como cualquiera, está sujeto a reglas y debe ser social y ambientalmente responsable. Por tanto, los actores son todos los miembros del entorno social de la empresa, que “contribuyen a” o son invadidos y afectados por la actividad de la empresa.

De esta forma, la Responsabilidad Social Corporativa es la obligación inherente que tiene cada entidad empresarial de responder por la forma en que su actividad impacta las dimensiones social, económica y ambiental de su entorno y para garantizar que este impacto genere beneficios equitativos y sustentables y ningún daño a todas las partes interesadas en cuestión.

Con la filosofía de que todos los empleados son ciudadanos de la empresa y ciudadanos del mundo, la Responsabilidad Social Corporativa debe llevar a cabo actividades corporativas para la concienciación medioambiental cuyo objetivo es lograr un desarrollo sostenible global. La alta dirección establecerá que la organización asume su responsabilidad social. Esta responsabilidad debe ser puesta en práctica de manera global, según sus propias medidas clave y sistemas de gestión. En el desarrollo de la actividad empresarial se llevarán a cabo actividades corporativas a la vez que se respetará la cultura y costumbres de los países y regiones en los que opera, siempre contribuyendo al desarrollo regional.

Otro paso importante para la integración de manera eficaz de un modelo de Responsabilidad Social Corporativa es asegurar que la organización cumple todas las normas y leyes internacionales así como que considera que tal cumplimiento debe observarse para conseguir dos objetivos: actividades de conservación medioambiental para proteger el planeta y  el establecimiento de la posición de la organización como  referente líder en el campo de la responsabilidad empresarial. Además, tales actividades crean una relación fuerte y de confianza entre la empresa y sus clientes y ayudan a conseguir éxitos importantes a la vez que asume las responsabilidades sociales y se realizan las contribuciones sociales que se esperan de los empleados.

En los últimos años han surgido diferentes iniciativas mundiales que han impulsado la incorporación de la Responsabilidad Social Corporativa en la estrategia empresarial.

Diferentes instituciones y organizaciones, formadas por multitud de Estados, han desarrollado iniciativas para promover y fomentar el comportamiento socialmente responsable de las empresas mundialmente.

Generalmente, todas estas iniciativas o proyectos incluyen una serie de normas o recomendaciones que, si bien no son de obligado cumplimento, sí incorporan un compromiso por parte de los Estados adheridos para fomentar su desempeño en el entramado empresarial de sus respectivos países. Conviene asimismo señalar que, mediante estos proyectos mundiales, lo que también se busca es uniformidad de principios, actuaciones y medidores de la Responsabilidad Social Corporativa de forma que la labor de las empresas en este ámbito pueda ser reconocida no sólo en el entorno más cercano de la empresa sino también en el ámbito internacional.

Las iniciativas mundiales en el ámbito de la Responsabilidad Social de la Empresa más destacables son:

• El Pacto Mundial.
• El Libro Verde.
• Las Líneas directrices de la OCDE para empresas multinacionales.
• Global Reporting Iniative.

Para sustentar ese pilar en que ha de convertirse la RSC para la empresa, se requiere que el personal de las mismas esté concienciado y formado en ello, por ese motivo es muy recomendable la realización de algún curso online o máster oficial en el área de medioambiente en general y de responsabilidad social corporativa en particular.